domingo, 4 de agosto de 2013

Una mujer está sola.

Una mujer está sola.
Sola con su estatura.
Con los ojos abiertos.
Con los brazos abiertos.
Con el corazón abierto como un silencio ancho.
Espera en la desesperada y desesperante noche,
sin perder noche,
sin perder esperanza.
Piensa que esta en el bajel almirante
con la luz mas triste de la creación.
Ya izó velas y se dejó llevar por el viento del Norte,
con la figura acelerada ante los ojos del amor.
Una mujer está sola.
Sujetando con sus sueños sus sueños,
los sueños que le restan y todo el cielo de Antillas.

Seria y callada frente al mundo
que es una piedra callada,
móvil, a la deriva,
perdido el sentido de la palabra inútil.
Una mujer está sola.
Piensa que ahora todo es nada
y nadie dice nada de la fiesta o el luto,
de la sangre que salta,
de la sangre que corre,
de la sangre que gesta
o muere en la muerte.
Nadie se adelanta ofreciéndole un traje para vestir
una voz que desnuda solloza deletreándose.
Una mujer está sola.
Siente, y su verdad se ahoga
en pensamientos que traducen lo hermoso de la rosa,
de la estrella,
del amor,
del hombre y de Dios.

Aída Cartagena Portalatín.

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